Fronteras latinoamericanas y las ciudades globalizadas
en el nuevo desorden mundial
Marc Zimmerman
U. of Illinois at Chicago/LACASA Chicago
Traducido por Daniel Bermúdez con Martín Giesso y Elbio Rodríguez Barilari
Fue una vez un mundo de espacios rurales y establecimientos tribales, de grandes y expansivos centros de comercio, religión y gobierno; y de aún más grandes centros coloniales repletos de iglesias, plazas y construcciones representativas del poder imperial, de la administración y de la política. Todavía a principios de siglo se vivía principalmente en comunidades rurales –aldeas, municipios, pueblos. Ahora los campos y pueblos pequeños están desapareciendo y las grandes ciudades expandiéndose –las megalópolis de smog, con zonas urbanas de pobreza. Nuevas fuerzas globales, influencias y demandas, constantes migraciones y retornos, transforman y a veces acaban con los pueblos; y los pueblos en sí mismos se reconstituyen en las ciudades; comunidades imaginadas soñadas en comunidades imaginadas que son entonces analizadas por analistas que en sus ciudades de cartas y desperdicio sienten que estan más allá de todo eso. Y así el sueño de la aldea vive en los sueños de aquellos que viven en ciudades que viven en sus mentes – sueños de ciudades en nuestro supuesto pueblo global que es a veces tan vil que se convierte en algo muy dificil de asumir y que vivimos ahora en el nuevo siglo y milenio que nos espera. --Variación de la introducción a MARC ZIMMERMAN, VILLAGE DREAMS AND DREAMERS (Chicago: Collage Publications 1998).
Introducción
Vamos a caminar en los nuevos espacios creados por nuestras ciudades globalizadas. Los desplazamientos de poblaciones y objetos, de identidades en transformación y flujo, la desintegración de tradiciones y lugares tradicionales–todo eso ha creado nuevas geografías que han vuelto nuestros viejos modelos problemáticos y cuestionables.
¿Esto hubiera ocurrido así si la ilusión socialista no se hubiera desmoronado? ¿Estaríamos hablando de postmodernidad, globalización y teoría de fronteras, si no fuera por las transformaciones geo-políticas y económicas que hemos experimentado en años recientes? ¿Y por qué esta preocupación con respecto a las ciudades cuando las transformaciones son globales?
Porque los espacios urbanos que analizamos son a la vez síntesis y paradigmas, micro-modelos, no importa cuán globales y megalópticos, de los procesos todavía más extensos de reestructuración económica que han impulsado transformaciones como las que nos han llevado hasta donde estamos, al final de un siglo y al principio de otro.
Porque las ciudades en sí ya no son los espacios maternales de un tiempo (o ideología) previa, sino los resultados difíciles de definir de procesos que nos hacen huérfanos –de hecho, como nos ha dicho Guillermo Gómez Peña, vivimos en la desmadredad.
Porque uno vive en ciudades o espacios configurados por la urbanización, la modernización, y sí, la globalización post-fordista; y más y más uno no es un ciudadano de su ciudad, sino un nodo conectado con otros en circuitos globales, que dejan a uno más y más a la deriva, aislado del mundo inmediato en donde uno camina (o nada) en busca de su felicidad, y, relacionándose con otras almas perdidas a través de conexiones electrónicas, publicaciones y cosas así--encerrado en su casa, su barrio, y sus mundos laborales y virtuales.
Todo eso implica una destrucción de espacios y lógicas espaciales más viejas, la desintegración mejor conceptualizada -tal vez- por el nomadismo rizómico de Deleuze y Guattari, o por la preocupación general por la teoría de fronteras. Las luchas emergen en las fronteras, de las políticas centradas en las ciudades y sus grupos actuando a veces luchando en y sobre los espacios y lo que se puede hacer en ellos.
Los conflictos fronterizos se internalízan en las ciudades a las cuales emigran miles. Ordenes, relaciones y contradicciones nuevas emergen, en tanto las fronteras están establecidas y son traspasadas–y eso, mientras que cada grupo toma y traspasa las posiciones que han sido cedidas. Las llamadas ciudades satélites y suburbios se señalan como espacios alternativos –¿y no es en la postmodernidad que residen en estos espacios la mayoría de las teorías y los teóricos? ¿O no es que los teóricos (muchos de nosotros) son suburbanos que invaden el centro en el día "gentrificando" y normalizando paradigmas? Sea cual sea la razón, los mundos ciudad/pueblo/ vecindad ya están en proceso de reconfiguración.
Aplicamos las matrices de postmodernidad y globalización a nuestras ciudades, a lo que pasa con el vecino, a alguien en la calle al lado. Nuestras palabras, nuestras metáforas tradicionales son fracasos, nuestros situs fracasos. ¿Pero no es que nuestras teorías emergieron en ellas, o en sus fronteras? Y de alguna manera ¿no son las mismas fronteras configuradas en las bases mismas de nuestras construcciones teóricas?
Así surge la dificultad en situarnos afuera de la construcción discursiva de estudios culturales. Así las dificultades en nuestras teorías construidas. Somos los juguetes de Gödel, esperando quién sabe qué (¿puede ser Godot?) en los centros urbanos de nuestra imaginación y nuestra vida.
Vamos a ser tan claros como sea posible apelando a metáforas y analogías, aunque sabemos que no funcionan, o no funcionan como uno quisiera. Somos miembros menores y mayores de la ciudad letrada. Puede ser que queramos salir pero no es seguro, y de todos modos no es fácil salir de esta ciudad, y puede ser que no sepamos–ni queremos–hacerlo.
En este trabajo, no se trata de Teseo y su laberinto ciudadano. Si Edipo tiene que cegarse por el bién de la ciudad madre que él ha contaminado ¿qué castigo debe haber para los capitanes de la modernidad y las grandes ciudades de humo y neon? ¿De las drogas y matanzas?
Si por un gran pensador modernista, conocedor de laberintos bestiales y complejos de Edipo, un judío viviendo no en el Dublin de Joyce (ni en el mundo parisino de Henri Lefebvre con sus 24 horas joyceanas–ni mencionar los 24 de La guaracha del Macho Camacho), sino en aquella gran urbe precursora posmoderna, que era Viena- proyectó el modelo mismo del inconsciente como la estratificada ciudad de Roma: ¿cómo será el estado actual de las cosas, con megalópolis híbridas y transformantes y ciudades globales? ¿Cuál es la extensión de la tríada lacaniana (porque París transforma la Roma de Viena) –en un mundo en que las metáforas no metaforizan- cuando las cadenas significantes están transplantadas y los simulacros esquizofrénicos y afásicos constituyen todas las relaciones como diferencias más allá de los diferenciales sistémicos–como alteridades que sean simultaneidades y similitudes desarticuladas.
La teoría, inclinándose sobre su sujeto y tratando de expresar el mundo en que vivimos, se ve incapaz de llegar a un acuerdo con cualquier objeto, para legitimarse y enraizarse. Y todavía el mundo y sus guerras, sus ciudades y ciudadanos, continúan su marcha. O así parece. Y por supuesto todas mis metáforas aquí son completamente eurocéntricas; y pensando en nuestras ciudades ¿es eso una sorpresa? Pero es un límite ¿o no? El límite viene con la invasión de los letrados tercermundistas a las ciudades metropolitanas como parte de la invasión de los migrantes que ya actúan y transforman estas ciudades.
Con las grandes luchas humanas ya terminadas, con las macro-narrativas desarmadas, vivimos en un reino de entretenimientos masivos, espectáculos, simulacros, parques temáticos y malls; un reino también de revistas de calumnias y fotógrafos de calumnias–y a fin de cuentas, de chisme. Chismes, pleitos legales y también conferencias, juntando tantas mentes tan brillantes, tantas cabezas pensantes ¿son vasocomunicantes?... Eso es nuestro mundo, nuestra ciudad.
En tal mundo es importante no solamente ver el pensamiento o el inconsciente como ciudad, sino ver nuestras ciudades mentales o imaginarias como espejos distorsionados de cómo se ha formado nuestra mentalidad. Si Marx estuvo atrapado por las relaciones de dominio en la producción dentro de su momento histórico, entonces el mundo baudrillariano–––mundo obviamente de ciudad–es el espejo de una época en que todo parece ser una circulación de signos, como parte de una circulación globalizante de impulsos electrónicos, de objetos y de gente. Pace Beatriz Sarlo.
¿Pero qué relación tienen esas estructuras de pensamiento con la gente? El concepto de un perro que no ladra. Pero los conceptos a veces muerden más que los perros. ¿Dónde estamos entonces? ¿O es que la imagen del laberinto, pero con perro en vez de minotauro, funciona después de todo?
Este ensayo es más bién un collage. Así es el estilo de mi ser, y también el ser de las ciudades contemporáneas; y además porque -así ha dicho Nelly Richard–es el ser de América Latina en su conjunto. Pero claro, este collage tiene que ver con los estudios culturales -con la teoría y también la acción que uno puede tomar desde y en relación a las ciudades como puntos claves y estratégicos en las estructuras y praxis posibles en nuestro tiempo. Se trata aquí de la articulación de ciudades híbridas pero bastante latinas o latinoamericanizadas.
¿Cómo se articulan las dimensiones latinoamericanas en los espacios metropolitanos del "norte"? Obviamente tienen continuidad y también disyunción con el pasado. Y claro tienen que ver con el movimiento de bienes de pueblos a través del desarrollo capitalista. El mundo latino ha cambiado mucho en los Estados Unidos en los últimos años, hasta el punto en que podemos hablar de latinos o latinoamericanos, en vez de nuyoricans y chicanos; hasta que podemos hablar de migrantes transnacionales en vez de migrantes en vía de ser "Mexican Americans".
¿Y qué importancia podría tener todo eso?
Por detrás de lo que quiero decir está mi ciudad, un espacio en que vivo, y que sigo tratando de entender: Chicago. Chicago en relación a su nuevo papel en el nuevo desorden, como una ciudad latinoamericana emergente Vamos a ver cómo se puede relacionar el enfoque sobre las ciudades en la globalización, con los cambios que afectan a los estudios culturales, a los estudios de la postmodernidad y a la globalización en relación con América Latina, incluyendo las zonas latinizadas de los EE.UU. En eso también, voy a mencionar el nuevo libro que edité con Michael Piazza, New World [Dis]orders and Peripheral Stains (1998) en donde se pueden extrapolar las preocupaciones claves que quisiera considerar aquí. También aquí quisiera enfocar estos asuntos en relación a la cuestión de la representación subalterna, así como la cuestión de quiénes somos nosotros, y qué hacemos aquí y en dónde vivimos.
Cuestiones latinoamericanas/latinas-y cuestiones culturales
Esta meditación-collage sobre las ciudades en relación con nuevas tendencias en los estudios culturales latinoamericanos y latinos, deriva de la comprobación empírica de que los latinoamericanos y latinos mismos han pasado el ultimo siglo haciéndose gente de la ciudad y rearticulando patrones de identidad más viejos en relación a los espacios urbanos y a la reconfiguración de las ciudades en relación a los procesos generales de globalización, articulados generalmente en función de transformaciones en la economía mundial.
Claro, mi interés en estos temas se vincula a mi propia atracción por los espacios urbanos, mi sentido de que lo que vale en mi vida es la creación desde el espacio urbano, a pesar de todos sus problemas y contradicciones, a pesar de las vidas en ruinas, los dropouts, los drugouts, los muertos en drive-by. En fin, todo lo que asociamos con la supuesta cultura de la pobreza o el "underclass", que tiene que ver, por lo menos en gran parte, con las transformaciones modernizantes del globo y de las Américas en particular. Y claro, que tienen que ver con los movimientos de gente y objetos y el asentamiento por tiempo corto o largo de gran número de personas (en una época, trabajadores y la gran mayoría de ellos los hijos e hijas de la plantación o del latifundio) en zonas especificas –colonias, barrios, ghettos– como parte de un proceso que mantiene a esa gente como sujetos históricos en un juego global en que tienen pocas chances de ganar. Pero la cuestión para mí es ¿cómo teorizar estos asuntos? ¿Como es que vamos pensando nuestras ciudades? ¿Qué elementos del mundo de la teoría contemporánea cosmopolita nos pueden servir para pensar lo latinoamericano y latino?
En un artículo reciente, García Canclini (1997) específica algunas perspetivas claras sobre el cambio de nuestro objeto y su teorización. En 1990, solamente 4 por ciento de la población vivía en las ciudades; ahora más de la mitad de la población ha sido directamente urbanizada. ¿Y indirectamente? Además, en 1950 solamente Nueva York y Londres estaban considerados como megalopisis, y ahora las Naciones Unidas proyecta treinta y tres mega-ciudades para el año 2015–ciudades notables por su crecimiento desproporcionado en gente y espacio, tanto como su complejidad multi-cultural. La mayoría de las ciudades son asiáticas, y por supuesto los asiáticos constituyen un número significativo en las ciudades no-asiáticas. Eso es cierto en América Latina también, pero también es cierto que en nuestro hemisferio la mayoría de nuestras ciudades se han vuelto más latinas que asiáticas.
En ciertas regiones periféricas, como América Latina, las cuales fueron lo sujetos favoritos de la antropología de tiempos pasados, setenta por ciento de la población ya vive en ambiéntes urbanos. Así que la expansión urbana se debe al influjo de poblaciones rurales e indígenas, aquellos grupos sociales directamente estudiados por los antropólogos están ahora en las ciudades grandes, donde sus tradiciones se transforman y donde ocurren los intercambios más complejos que provienen de la multi-etnicidad y el multiculturalismo. De hecho, a la medida que las mega-ciudades absorben otros espacios, también absorben y por supuesto transforman los sítios previos de la antropología no-urbana. Además, mientras las ciudades se vuelven más grandes, las interrelaciones se intensifícan a través de los mejoramientos del transporte y la comunicación–aunque por supuesto hay nuevos modos de segregación y distanciamiento que intervengan; y también hay las fuerzas globales que vinculan determinados grupos locales más a patrones externos que a patrones adjacentes.
Finalmente, García Canclini argumenta que la transformación o globalización de las ciudades ha conducido a la transformación de las teorías usadas para entender la globalización, la urbanización y temas relacionados. A eso se puede añadir que estos cambios teóricos afectan el campo total de la teoría social. Y también se debe añadir que nada de eso implica que las nuevas teorizaciones son adecuadas a las realidades que pretenden de comprender, especialmente en la medida que estas teorías siguen cambiando.
¿Como conceptualizar lo que nos está pasando al nivel teórico y al nivel vital–especialmente en un momento en que las teorizaciones y hasta las palabras que usamos para teorizar tienen una relación tan tenue con cualquier "realidad"? La tentación es buscar metáforas, imágenes. Por mi parte, como alguien metido en la busqueda de palabras que ladran como los perros, como catalogador de imágenes, quisiera hacer referencia aquí al uso por William Rowe y Vivian Schelling de una metáfora prestada de Jesús Martín-Barbero acerca de la necesidad de un mapa nocturno para entender la historia de las transformaciones culturales en América Latina (Rowe y Schelling 1991: 13, citando a Martín Barbero n.d.: 135).
Inmediatamente, eso debe llevarnos a recordar la propuesta de Fredric Jameson para la construcción de un mapa cognoscitivo de las geografías, procesos de identidades y posibles resistencias dentro de la postmodernidad. De hecho, el aporte enorme de Jameson a la discusión postmoderna tiene su origen en un momento casi proustiano cuando anda con Edward Soja y Henri Lefebvre por el centro de Los Angeles y el hotel Saint Bonaventure, espacio sintomático y sinecdóctico de la mega-ciudad que, más que cualquier otra, es, entre otras cosas, claramente puente híbrido entre la América Latina–también entre la Asia y la América Anglo. El hotel es a fin de cuentas parte de la reestructuración y redefinición de Los Angeles como ciudad global en el nuevo orden, que yo tiendo a ver como base o corolario del nuevo desorden mundial.
Una de las debilidades del gran libro-mapa de Rowe y Schelling era no tratar de los espacios fronterizos o las penetraciones de los espacios supuestamente anglo-americanos por los latinoamericanos. Claro, muchos de estos lugares se pueden conceptualizar como parte de una posible reconquista (unas de las razones del miedo de los gringos ¿no?). Podemos criticar y criticar lo que dice, pero claramente Octavio Paz tenía razón al incluir sus páginas sobre los pachucos de Los Angeles en su intento de entender a los mexicanos y a México.
García Canclini hizo mejor que Rowe y Schelling al incluir su trabajo sobre Tijuana en su libro clave–aunque la crítica de eso ha sido bastante aguda si no plenamente justa. Pero era importante enfocar en la frontera porque ¿cómo podemos configurar un mapa de un espacio si excluimos espacios que son parte íntegra del espacio que tenemos que mapear?
Nelly Richard (1996) ha escrito muy bién recientemente sobre los mapas como parte de la conquista y colonización –y también el paquete iluminista que afectó tanto a la visión latinoamericana en Bolívar, Sarmiento y tantos más (ver su ensayo en Welchman 1996). Hace años, el pintor uruguayo Torres-García hizo su famosa inversión del mapa de las Américas; y más recientemente, Gómez Peña ha jugado mucho con las nuevas geografías postmodernas y globalizadas. Michael Piazza y Carlos Cortez en nuestro libro, New World Disorders (1998: 242) impusieron la visión de Torres-García sobre la imagen de Gómez Peña mismo, y tenemos una serie de escritos e imágenes que indican la cuestión de mapas e inscripciones de identidades postmodernas. Parte central de toda visión, de esta continuidad de consideraciones de mapas y ciudades, es la noción de la hegemonía del espacio sobre el tiempo en la postmodernidad–la importancia de la arquitectura, la planificación urbana y lo demás como parte de los espacios y las geografías postmodernas–y todo eso materializado mientras pasamos por una reestructuración de las economías globales, y de los roles de ciudades y ciudadanos, naciones y grupos, de puntos nodales de la economía en relación con otros puntos nodales de política, cultura y lo demás.
En la medida que las fuerzas económicas se han colocado al frente y parecen menos mediatizadas que en cualquier periodo anterior, y en la medida que muchos intelectuales argumentan que en el fondo la economía rige todo, la cuestión de los patrones y transformaciones culturales también ha salido al luz, entre los "factores culturales" ya no reducibles (si alguna vez lo fueron) a reflejos superestructurales, a las cuestiones económicas o a sus corolarios políticos. En relación con eso, las múltiples construcciones, divisiones y cruces fronterizos, actuando en las ciudades, en los barrios, en las familias y aun en los individuos, son internalizados y proyectados nuevamente a sus puntos de orí.gen y a muchos otros puntos a través del globo.
La centralidad de las dimensiones culturales en el nuevo orden mundial, ya en proceso de globalización, es de hecho una de las implicancias de la obra reciente de Immanuel Wallerstein (ver 1991) –aunque él no puede liberar el enfoque cultural de su posición como componente determinado, producto de una perspectiva economicista y funcionalista en su teoría del sistema mundial. Más exitoso en este sentido es el libro reciente de Arjun Appadurai, Modernity at Large (1996), aunque sus "scapes," tan útiles prácticamente, son a fin de cuentas lo que consideraría yo categorías descriptivas/analíticas, en vez de teorizaciones firmes.
Es obvio el impacto de la modernización y la globalización económica sobre grupos humanos diferentes y sus procesos interactivos. Pero cómo estos grupos presionan el proceso de globalización en función de su "capital cultural", cómo ellos desmercantilizan objetos en función de sus valores de uso culturalmente logrados o implicados, cómo estos valores son esenciales para las identidades postmodernas contemporáneas, los espacios urbanos y aún para la reproducción misma del capital transnacional (si no por otra razón que la necesidad de capital, por la diversidad y la diferencia, por la extensión siempre dinámica de la producción de mercancías)--todos esos asuntos hacen la cuestión de la cultura más central en la historia del mundo contemporáneo (incluyendo la reproducción misma del sistema económico en sí). Y central también con respecto a las ciudades, que son en sí tan centrales en este mundo. Pero cómo teorizar todo eso evitando determinismos reduccionistas o un empirismo no-sistemático, es una cuestión que sigue sin resolución neta.
Desde el punto de enunciación de una ciudad paradigmática, del crecimiento industrial y de las transformaciones postmodernas, viviendo yo intensamente la vida urbana y la vida latina de mi ciudad, no es de sorprender que el mapa de Martín Barbero por Rowe y Schelling me haya sugerido que debemos explorar cómo se han conceptualizado las repercusiones en textos escritos sobre las ciudades, más allá de los clásicos como Freud. Por eso vamos ya a tomar nuestro viaje arqueológico, para entender mejor cómo se han conceptualizado las ciudades hoy y qué relación tiene eso con la postmodernidad y los movimientos sociales para el futuro. Vamos a París, a donde sea necesario, para después regresar a la América Latina y trazar la cuestión de las ciudades.
Nos embarcamos en esta breve y parcial (pero también sintomática) arqueología de saberes sobre ciudades no como un aspecto casual sino como fuerza determinante del pensamiento posestructuralista y postmoderno –una fuerza que también exploramos en relación con la cuestión subalterna y las macro-teorías de nuestra investigación.
Jameson en el Bonaventure: Una historia de saberes
para el nuevo pensamiento sobre America Latina
Empezamos con Jameson en el Saint Bonaventure. Hace unos años le dije, Fred, ¿sabes, que cuando tu estabas caminando hacia aquel hotel, yo estaba ahí también? Y sabes, que por mucho tiempo me iba preguntado (es decir mucho más que una vez) por qué tu escribiste tal articulo y yo no). Pero un día se me ocurrio que claro, tu estabas ahí mirando, caminando; mientras yo–yo estaba buscando trabajo. En eso, estaba cuestionando el marxismo de Jameson en función del melodrama del profesor clase media sin empleo y con el peligro de desplazamiento–y otro profesor (un marxista famoso, y profesor mío) claro que ni se acordó que me vió (pero sí nos saludamos, pero claro se debe preguntar si de veras me vio) ahí donde caminaba teorizando.
Sin embargo la negación de la memoria y la consciencia no para ahí, porque se me ocurre también, cómo Jameson no refleccionó acerca de quienes eran los botones, las criadas, los meseros y la gran mayoría de gente de servicio de aquel hotel. No consideró cuales manos construyeron tal edificio y tal centro nuevo. No consideró la articulación del hotel como parte de la nueva construcción fortaleza de la franca urbana del centro de la ciudad–centro invadido por miles de mexicanos y chicanos, centro tan cerca al primer centro español (la calle Olivera), tan cerca de East L.A.
El nuevo centro de L.A. y el Hotel Saint Bonaventure en sí no son solamente unas estructuras neutrales, sino también unas estructuras que desconstruyen (hasta el olvido) la presencia latinoamericana en su construccion–estructuras que también representan una hegemonía, expresiones del miedo de la invasión mexicana, y la posible re-conquista española hasta indígena–ya actualizandose en la campana anti-latina tan fuerte en California y en todo Los Angeles (y ya extendida por todo USA) en relación con los desplazamientos territoriales y los ajustes generados por la reestructuracción económica dentro de la globalización.
Este analisis sirve como un micro-modelo de lo que quisiera enfatizar aquí como base de mi arqueología de saberes sobre el vínculo entre modernidad/postmodernidad y las ciudades–es decir, que por detrás y por dentro mismo (estructurando fronteras pero también contribuyendo a su forma y funcionamiento interno) es el subalterno colonizado y especificamente latinoamericano. De hecho, se precupa mucho hoy día por la imposición de modelos europeizantes y occidentales sobre el pensamiento latinoamericano de hoy. Pero yo diría que el pensamiento europeo/postestructuralista y postmoderno está en sí estructurado y muchas veces basado en el tercer mundo y especificamente en América Latina.
Brevamente, este asunto tiene que ver en alguna manera con la evolución entre la izquierda literaria/cultural de las formas de marxismo hegemonicas en los años sesenta hasta los estudios culturales y ahora la polémica y posible rearticulación con estudios subalternos–todo eso en la edad de la globalización. Si Paris era el capital de la alta cultura del siglo diecinueve y hasta los años 30, entonces, especialmente en la post-guerra y como parte de una nueva división de trabajo que se puede relacionar con el Plan Marshall, los arreglos de Breton Woods, y la consolidación de los procesos de globalización, Paris se volvió el centro de producción teórica. No es que los franceses fuerann los productores de teorías, como de vinos, de quesos y de perfumes, sino que las teorías y muchas veces los teóricos del mundo entraron y salieron por Paris–y eso como parte de una división de trabajo mundial que involucra las migraciones y flujos de teorías y teóricos hacia Paris y su re- elaboración (refinamiento, ensamblaje, packaging, institucionalización, etcetera) y subsecuente distribución por el mundo.
Todo eso involucra varias etapas y procesos muy complicados. Pero incluye el impacto del arte africano sobre el cubismo y otras formas, el desarrollo de surrealismo y, claro, la evolución del pensamiento francés desde Sartre hasta nuestros tiempos. Sartre rearticula a Heiddegger y Husserl, pero experimenta la influencia del pensamiento anti-colonialista. Influye a Fanon y miles de intelectuales del tercer mundo etcetera. Pero también es influenciado por Fanon y otros en Cuba y otros lugares. Ya en los 60, podemos pensar en el impacto de los intelectuales extranjeros y principalemente del tercer mundo sobre el desarrollo de estructuralismo, post-estructuralismo, la nouvelle philosophie etcetera. Podemos pensar en la influencia de la escuela de Braudel sobre la teoría de dependencia, el impacto de la revolución cubana en el trabajo de Althusser, Debray y otros, y el impacto de la teoría postestructuralista sobre el pensamiento neo o post-gramsciano. En general, se puede pensar en la participación de cientos de intelectuales latinoamericanos en la producción tanto como la circulación de ideas sobre revolución que van a ser aplicados, por bién o mal a procesos latinoamericanos. También, se puede pensar en el impacto de la teoría francesa sobre el trabajo de Ernesto Laclau; y en tanto que la teoría francesa se despolitiza, se puede pensar en el desplazamiento del pensamiento radical hacia Inglatera, y el desarrollo de la teoría post-gramsciana en los Estudios Culturales por el jamaiquino Stuart Hall. Ahora en la edad de neo-liberalismo hegemónico, el centro de la teorización sobre América Latina se va girando o a los Estados Unidos (principalmente en formas pro y anti neo-liberales) y a los latinoamericanos y los latinoamericanistas contestatorios donde sean que estén en las Américas–y las teorías que ellos han venido desarrollando entre la discusión de postmodernidad periferica, dependiente, etcetera es ya no una imitación francesa, sino la aplicación de ideas internacionales sintetizados primero en Paris y ahora re-sintesizados en relación con la situación y ubicación de América Latina en el mundo contemporaneo.
Si ahora las teorías de la subalternidad ya han regresado de su viaje Italia-Francia-Ingleterra-India, y ya están listas para su nuevo viaje por el nuevo mundo, eso corresponde, diría yo a la etapa de globalización post-guerra fría y a la necesidad de una crítica radical para luchar contra la constante capacidad del neo-liberalismo para absorber, recircular y hasta re-articular los intelectuales tanto como las ideas en el nuevo desorden mundial–una crítica que implíca ya la constante búsqueda de coaliciones y coyunturas factibles en la articulación de oposiciones a poder que si tengan posibilidades de cambiar el balance de fuerzas en la lucha sobre un porvenir descolonizado y plenamente post-colonial. En estas circunstancias, Guha toma prestado de Barthes y Foucault, los subalternistas toman prestados de quien sea. Las teorías claro llevan huellas de sus lugares de origen, pero es el lugar de enunciación (de clase, de lugar espacial, virtual, teórico y material) que determina la eficacia de las construcciones de que dependemos.
Todo eso dicho para que se entienda la base de mi exámen del desarrollo de las teorías sobre las ciudades en un tiempo caracterizado por teorías, diría yo,que tienen que ver con la ciudad–una base en nuestro exámen desconstructivo de teorías que tienen que ver con el mundo/ciudad y claro, sus fronteras, que queremos entender y todavía cambiar.
Concretizando una historia latinoamericanista de saberes:
Lyotard y Foucault (con la ayuda de Harvey y Spivak)
Aquí cabe una referencia que vincula la visión vienesa de Freud (visión periférica en relación con Alemania y occidente) con el pensamiento contemporaneo sobre ciudades: David Harvey en su libro clave (1989) citando a Lyotard citando a Witgenstein. La postmodernidad de Lyotard está basada (ver Zimmerman 1993) en contrastes entre el primer mundo y tercer mundo–de hecho entre saber/no saber-adentro/afuera. Aquí Harvey hace otra conexión:
The social bond is linguistic; it is not woven by a single thread; but by an indeterminate number of "language games." Each of us lives "at the intersection of many of these," and we do not necessarily establish "stable language combinations and the properties of the ones we establish are not necessarily communicable." As a consequence, the social subject itself seems to dissolve in this dissemination of "language games." Increasingly, Lyotard here employs a lengthy metaphorical operation of Wittgenstein ... (the pioneer of the theory of language games), to illuminate the condition of postmodern knowledge: "Our language can be seen as an ancient city: a maze of little streets and squares, of old and new house, and of house with additions from different periods; and this surrounded by a multitude of new boroughs with straight, regular streets and uniform houses." (Harvey 1990: 46)
Harvey sabe que no se trata solamente de la ciudad antigua; sabe que se desarrolló la ciudad moderna; y que a través de un proceso que él analiza en su libro, emergieron los espacios postmodernos, las ciudades postmodernas.–ciudades cuya arquitectura el estudia en el siguiente capítulo de su libro. Pero lo que llama la atención aquí, como en nuestra referencia a Freud y en los mapas y geografías contemporáneas, es la ecuación de un espacio que es (como en el caso del hotel St. Bonaventure) es synechdoche de una ciudad con una estructura consciente o inconsciente que representa calidades claves de la modernidad–y en este caso incluso lenguaje mismo sobre la cual uno puede constituir el discurso postmoderno.
Harvey vincula el desarrollo de pensamiento moderno con el iluminismo. Sigue la visión de Habermas, pero a fin de cuentas más bién concentra su mirada en Foucault. Y eso porque Foucault para Harvey enfatiza la constitución de las identidades espaciales y especificamente urbanas. Para mí, el argumento es claro. Todas las instituciones que representan los epistemas y los discursos en Foucault tienen que ver con el movimento de los campesinos a la ciudad, y el desarrollo del régimen que resultaría en la sociedad urbana moderna. De hecho, las clínicas y prisiones son las instituciones necesarias para la vigilancia, control y disciplina tan claves en Foucault y que lo ponen más cerca de Weber que de Marx en su visión del desarrollo moderno.
Ahora, las aplicaciones de Foucault a la América Latina son muchos y muy importantes para entender las estructuras del colonialismo y los efectos del positivismo sobre la constitución de la "modernidad dependiente" de América Latina son claves; también es Foucault crucial en la articulación de una teoría de no-gobernabilidad (ver Rodríguez 1998 y Beverley 1998). Sin embargo, lo que le falta en Foucault es una consideración del tercer mundo y específicamente la zona caribeña-latinoamericana no en la aplicación sino en la constitución misma de sus teorías. Eso es un tema que toco al final de mi ensayo en New World Disorders (1998: 64-65). Pero dejenme ampliar la idea aquí.
Los comienzos de la modernidad, y la central subjetividad de ésta pueden ser ubicados con la reconstrucción cartesiana de la separación cuerpo/mente bajo la forma de "cogito". La historia se cumple en procesos tendientes a la institucionalización y categorización generada durante los siglos XVII y XVIII–como son analizadas en L'histoire de folie y Les mots y les choses. Ser es tener, porque sólo los que tienen, tienen el poder de pensar y por lo tanto ser.
En la crítica de Focault, la clínica emerge como una institución civil de poder estructural/discursivo, como trabajadores agricolas desplazados entran Paris y aquellos que son desempleados, enterrados en patrones y creencias tradicionales son internados en manicomios los cuales se convierten en el prototipo de centros de capacitación para la fuerza laboral urbana. Esos son los cuerpos en los cuales la mente burguesa trabaja. La separación cartesiana, las categorias de luz y oscuridad, mente y cuerpo, etc. se instalan y se generalizan para reinforzar las dicotomias basicas o lo que Lukacs llamo las antinomias del pensamiento burgues, los medios por los cuales el burgues europeo es constituido en historia y naturaleza para manipular y transformarla. Este proceso también involucra el tipo de habilidad comunicativa de la cual Todorov habla cuando señala algunas de las características europeas que hicieron posibles la conquista y colonización inicial.
Para poder entender completamente el surgimiento de las instituciones que constituyen el epistema de modernidad en Europa traido al nuevo mundo, deberiamos entender la crisis de Europa del siglo XVII, el impacto del desarrollo de la economía atlantica, los esfuerzos para alcanzar el nivel de Francia (incluyendo su participación en el comercio de esclavos y su particular formulación de un sujeto de pensamiento–la base de su racionalismo, clasicismo y más tarde especialización en teoría y su lugar en la división internacional del trabajo capitalista.
En este contexto, la visión de Gayatri Spivak (1983) respecto a Foucault es que su teorización carece de una crítica adecuada del tercer mundo. Esto significa que uno de los grandes teóricos que surgió en los 60s se revele limitado en su percepción de las dimensiones imperialistas/internacionales como constructivas de epistemas europeos y de subsecuentes patrones imperialistas basados en ellos. La dimensión imperial permanece un tema no mencionado en sus teorías, y ese conocimiento reprimido vuelve a atacar su teorización cuando nosotros tratamos de construir historias del tercer mundo. Asi, como sugiere Spivak, la imposición de epistemas europeos de poder crear una logica colonialista y la dificultad de una articulación subalterna.
Foucault nos haría ver la formación de la ideología europea a través de una crítica de epistemas. Pero, careciendo de una dimensión subalterna y tercermundista, Foucault produce una articulación restringida en la cual el sujeto puede solo imitar su rol estructural y el subalterno no puede hablar. Mientras tanto, para Spivak, el sujeto subalterno puede encontrar alguna articulación a través de la deconstrucción post-estructuralista la cual puede desplazar el logo y el etnocentrismo en lo cual Foucault y Deleuze cayeron presa.
Sin duda, Foucault es un maestro en la teorización espacial del poder social (un fundador de la geografía postmoderna) quién exploró posibles resistencias entre los grupos sociales sin poder–incluso los más marginados y disciplinados por el poder social. Pero Foucault, al optar por estudios de resistencia en función del poder en lugar de la explotación, se separa a sí mismo de algunas de las fuerzas claves que gobiernan el poder y la resistencia y cae en una esperanza utópica de una política de alianzas que él no puede elaborar y seguir adecuadamente. Dada la existencia de una clase de falla desplazada en el concepto eurocéntrico (y franco-céntrico) de la modernización y la configuración de instituciones y epistemas que constituyen subjetividades modernas (dado que esta falta precisamente involucra el subalterno en una visión globalizante ahora directa y completamente sobre la mesa en el contexto de la post-guerra fría), ¿sería apropiado preguntar si los pensamientos importantes de Foucault sobre la ingobernabilidad confluyen apropiadamente en una teoría de ciudadania y, sobre todo, de movimientos sociales que apuntan a futuros modos viables de resistencia en las Américas? A este respecto, Kartik Vora en nuestro New World [Dis]Orders trata de conectar cuestiones de Foucault sobre la ingobernabilidad y los lugares de resistencia múltiple con las cuestiones espaciales y fronterizas, que son tan importantes para la configuración del poder y las potenciales resistencias–las cuales emergen en su discusión de heterotopías, vistas como "contra sitios." Como Vora especifíca:
Heterotopias ...[create] ... a space of illusion that reveals how all of real space is more illusory, all locations within life are fragmented. On the other hand, they ... form ... another real space, as perfect, meticulous and well-arranged as ours is disordered, ill-conceived and in a sketchy state. Foucault calls these heterotopias not of illusion, but of compensation; they are best illustrated in the case of certain colonies where the goal was to create perfect, utopian places. [1998: 249].
Deleuze y Guattari sobre el Tercer Mundo y espacios urbanos
Si a través de Foucault, podemos seguir la obliteración histórica y estructural ocurrente en el epistema de postmodernismo ¿puede esa falta ser imputada, como pretende Spivak, a Deleuze y a Guattari? En las obras principales de esos escritores, como en Lyotard, hay una crítica directa de las relaciones capitalistas entre las areas céntricas y las zonas periféricas que ellos discutan en terminos de una supuesta lógica o axiomática del tercer mundo (1987:67-468). Además, Deleuze y Guattari, escribiéndo en los últimos dias de la Guerra fría, continúan desarrollando el tema de la división fundamental del mundo en Norte/Sur (el sur siendo el tercer mundo o la periferia) que para ellos es más importante y determinate que la división, Este/Oeste, la cual es estructurada como tal por las características capitalistas axiomaticas de intercambio desigual.
Deleuze y Guattari ven este asunto en función de flujos que conducen a una deterritorialización en la cual la periferia se pone como el centro de ciertos intercambios económicos y culturales. También ven como ciertos flujos crean bloqueos, problemas y rupturas que a la vez desordenan el mismo sistema de lo cual son partes y que pueden conducir, o así sugerían los metáforas a modos de ruptura violenta y potencialmente total. Además Deleuze y Guattari ponen un broche al tema de la creación de tercer mundos internos dentro de espacios del primer mundo; su discurso de desterritorialización e intecambio.s se base sobre todo en la visión de Sami Nair del capitalismo mundial, y nuestros teóricos suenan más inteligibles de lo usual cuando señalan:
The more the worldwide axiomatic installs high industry and highly industrialized agriculture at the periphery, provisionally reserving for the center so-called postindustrial activities..., the more it installs a peripheral zone of underdevelopment inside the center. [469]
En este proceso, migrantes económicos o nómadas se establecen en lo que Antonio Negri llama "los márgenes internos"–fronteras que internalizan mucho de la enemistad encontrada en la frontera real, y alimentada dentro de la creación o desarrollo de nuevas minorías que habitan esos espacios fronterizos marginales (469-70). Por supuesto, gran parte del proceso de migración descrito en estas páginas esta basado en su construcción de flujos y contra-flujos, a su vez basados en la experiencia europea--pero con ricos paralelos con procesos ocurriendo en espacios americanos. Es finalmente significativo que después de esta discusión de procesos económicos globales, Deleuze y Guattarri caen en su relativamente críptica discusión sobre ciudades–donde los procesos de acumulación de capital más coagulan, y donde los márgenes y las fronteras internas, así como los habitantes de los márgenes y las fronteras (nómadas, no-nómadas, tanto como "mads and non-mads") viven sus vidas.
When the ancient Greeks speak of the open space of the nomos–nondelimited, unpartitioned: the pre-urban countryside--they oppose it not to cultivation, which may actually be part of it, but to the polis, the city, the town. ... From the most ancient of times... it is the town that invents agriculture: it is through the actions of the town that the farmers and their striated space are superimposed upon the cultivators operating in a still smooth space .... So ... we reencounter the simple opposition we began by challenging, between farmers and nomads, striated land and smooth ground: but only after a detour through the town as a force of striation. Now not only the sea, desert, steppe, and air are the sites of a contest between the smooth and the striated, but the earth itself, depending on whether there is cultivation in nomos-space or agriculture in city-space. Must we not say the same of the city itself? In contrast to the sea, the city is the striated space par excellence; the sea is a smooth space fundamentally open to striation, and the city is the force of striation that reimparts smooth space, puts it back into operation everywhere, on earth and in the other elements, outside but also inside itself. [481]
Hasta este punto, Deleuze y Guattari parecen estar aludiendo a las formas en las cuales las más antiguas costumbres de la ciudad rearticularon prácticas no de la ciudad, inventando agricultura y muchas de las tradiciones que asociamos con los mundos rurales o marítimos. Ellos también parecen sugerir cómo los elementos que de hecho vienen desde afuera se internalizan en las ciudades, para ser exportados una vez más o, como el pasaje sigue, para hacerse parte de una combinación de factores externos e internos que llevan a posibles rupturas:
The smooth spaces arising from the city are not only those of world-wide organization, but also of a counterattack combining the smooth and the holey and turning back against the town: Sprawling, temorary, shifting shantytowns of nomads and and cave dwellers, scrap metal and fabric, patchwork, to which the striations of money, work or housing are no longer even relevant. An explosive misery secreted by the city, and corresponding to [René] Thom’s mathematical formula: "retroactive smoothing." ... Condensed force, the potential for counter-attack? [ibid.]
Crucial para esta discusión de Deleuze y Guattari es la comprensión de su visión más generalmente nómada y esquizofrénica de las superficies lisas y estriadas y de sus interacciones. Las ciudades son estriadas, limitantes. Pero por su constitución misma, ellas reconstruyen superficies lisas las cuales pueden ser lugares de resistencia y de la formación de nuevas estrategías para nuevas configuraciones y texturas de espacio. No hay solo dos tipos de espacio, y uno no debería depender de ningun espacio de contorno o configuración para resolver algo en particular. Deleuze y Guattari estan principalmente interesados en "how the forces at work within space continually striate it, and how in the course of its striation it develops other forces and emits new smooth spaces" (500). En efecto, ellos estan interesados en las trampas construídas por epistemologías de ciudad y la posibilidad de alguna clase de lucha de liberación resultante de los problemas y contradicciones de la ciudad: tal vez aún la emergencia de movimientos sociales derivados de otros, más antiguos y proyectandose hacia nuevos espacios utópicos lisos que son diferentes de las heterotópias de Foucault, pero que parecen más adecuadamente teorizados y contextualizados a través de la perspectiva globalizada de Deleuze y Guattari.
Deleuze y Guattari agregan con cuidado: "Smooth spaces are not in themselves liberatory. But the struggle is changed or displaced in them, and life constitutes its stake, confronts new obstacles, invents new paces, switches adversaries. Never believe that a smooth space will suffice to save us." (ibid.)¼. El corolario de todo ésto podría ser: nunca dejes de esperar que los espacios lisos en su relación dialectica con otros, podrian bién ayudarnos–especialmente porque en el
pensamiento rizómico, las coordenadas y parámetros de teorización son sujeto de constantes cambios y desterritorializaciones que en alguna forma son paralelas con, o relacionadas a, los cambios en un mundo múltiplemente globalizado.
Desde Paris y la teoría espacial: Lefebvre, Castells y Soja
Tomemos esos pensamientos y reflexiones seriamente, puesto que provienen de algunos de los grandes meta-pensadores de aquel espacio que se especializa en tomar teorías de todas partes del "Oeste y del Resto" ("the West and the Rest") y traerlas a alguna clase de producción sintética que es entonces distribuida al mundo de la intelligentsia cosmopolita. Asumamos que son eurocéntricos y lo demás, pero que son también algo útiles en relación con nuestros teóricos en la América Latina. Lo que tenemos es una serie de pocisiones en relación con una cultura creciente de globalización, un cuerpo de teoría que proviene de las cudades, doblándose y proyectándose en su propio mundo. En este contexto, movámonos hacia las posturas del tercer y nuevo mundos de espacio de ciudad al considerar una de las concepciones más importantes importadas de Paris: la de la espacialidad incrementada del pensamiento, concepción desarrollada principalmente en la teoría urbana de Henri Lefebre, y después por su discípulo español Manuel Castells y mas recientamente por Edward Soja y David Harvey. Empezamos aquí con el tratamiento de Soja de la relación Lefebvre-Castells:
Castells attacked the overspecifications of the urban from the Chicago School to its ‘left-wing ‘extension in the works of Lefebrve, arguing that there was no specifically urban problematic. Seeing urbanism as a distinctive ‘way of life’ was an ideological smiokescreen obscuring larger societal problems that are expressed in cities but are not confined epistemologically and politically, to the urban context. On the other hand, Castells conveniently respecified the urban as a theoretical object by focusing on the urban politics of collective consumption and the mobilization of distinctively urban social movements... .Castells’s Althusserian concoction of the urban question deflected the bolder assertions of Lefebvre, who, far form fetishizing the urban, was developing a more general argument that social struggle in the contemporary world, be it urban or otherwise,was inherently a struggle of the social production of space, a potentially revolutionary response to the instrumentality and uneven development of the specific geography of capitalism. [70]
Sin embargo, Soja nota que, en The City and the Grass Roots (1983), Castells muestra un interés mayor en un analisis centrado en la cuestión de espacio:
Space is not a ’reflection of society’, it is society.... Therefore, spatial forms, at least on our planet, will be produced ... by human action. They will express and perform [class] interests. . ... They will express the power relationships of the state in a historically defined society. They will be realized by the process of gender domination and by state-enforced family life. At the same time, they will be earmarked by the resistance from exploited classes, from oppressed subjects and from dominated women. And the work of such a contradictory historical process on the space will be accomplished on an already inherited spatial form, the pruduct of former history and the support of new interests, projects, protests and dreams. Finally, from time to time, social movements will arise to challenge the meaning of spatial structure and threfore attempt new functions and new forms [Castells 1983: 4, citado in Soja 71-72]
El espacio que Castells ha estudiado, y especialmente en relación a los procesos de producción industrial, ha sido lo urbano, que él ha mapeado en relación con la reestructuración económica, el rol de las minorias, etcétera, en la configuración de estructuras contemporáneas y resistencias--trabajo que.ha tenido repercusión en García Canclini (1995a 208; y 1995b 77) entre otros en LatinoAmérica, así como.en una entera generación de investigadores trabajando sobre temas de reconstrucción urbana vis-a-vis las poblaciones de minorías y especificamente latinas de los E.U. (ver Rebecca Morales y Frank Bonilla 1993: 198, 201, 204).
Hablando de su propio punto de vista., Soja mismo aproxima una explicación del tema que tendrá su eco en críticas contemporáneas de globalización y su aplicación a espacios urbanos:
Urbanization can be seen as one of several major accelerations of time-space distanciation that have extended the scale of human interactions without necessarily destroying their fundamental spatial anatomy. You and I still live within a hierarchy of nodal regionalizations emanating from our bodies, but social interactions and societal integration have now expanded to a world scale, a global scale in which the urbanization process has been a primary vehicle. The specificity of the urban is thus defined not as a separable reality, with its own social and spatial rules of formation and transformation; or merely as a reflection and imposition of the social order. The urban is an integral part and particularization of the most fundamental contextual generalization about the spatiality of social life, that we create and occupy a multi-layered spatial matrix of nodal locales. In its particularity, itrs social specificity, the urban is permeated with relations of power, relations of dominance and subordination, that channel regional differentiation and regionalism, territoriality and unveven development, routines and revolutions, at many different times. [Soja 152-153]
Gran parte del resto del libro de Soja se refiere a la aplicación de su síntesis de Lefebvre y Castells (mas Harvey, Giddens, Touraine y otros) a los procesos de globalización y reestructuración económica que él observa en occidente, pero principalmente en EE.UU. y su primera ciudad, Los Angeles. En el curso de su trabajo, sin internarse en el contexto latinoamericano, Soja busca establecer relaciones globales y locales; busca ver las tendencias que llevan a las "inner cities", y sus explosiones anti-sistémicas, etc. En este sentido su geografía postmoderna funciona bién con la de Harvey (ver abajo) en su extensión desde Lefebvre y Castells hacia puntos de vista más recientes cuestiones de urbanización y globalización.
Tal vez uno de los problemas con el libro de Soja, publicado en los 90 es su fracaso por concretar su analisis adecuadamente en función de nuevas características de globalización, incluyendo el importante outsourcing, resuburbanizaciones y urbanizaciones, y sobre todo el recorrido de la gente suburbio-centro diariamente y otras formas transmigratorias, las cuales son tratadas por la sociedad y la literatura social en los 90. Nada podría hacer esto más claro que el fracaso relativo de sus capítulos sobre Los Angeles en capturar el drama étnico en su plenitud (las luchas de negros/coreanos y arabes que salen a la luz con Rodney King, el descontento social estimulado en el centro de Los Angeles en relación con el espectáculo de O.J. Simpson y por supuesto, el intenso drama latinoamericano vivído en ese espacio (aunque vea p. 182).
Soja cita "El Aleph" de Borges para retratar a Los Angeles como "the only place on earth where all places are–seen from every angle, each standing clear, without any confusion or blending" (222). Seguramente este pasaje no solo resta importancia a los procesos de smog e hibridización de L.A. sino que también crea la impresión de que este libro cubre más de lo que abarca. En realidad, así como en el caso de Jameson en el Hotel Saint Bonaventure, este libro y aun el muy elogiado libro, City of Quartz de Mike Davis falla en no capturar la dinámica de Los Angeles en relación a Latinoamérica (ni mencionar el resto del mundo), así como la vasta, creciente y batallante población latinoamericana viviendo en sus aparentemente interminables fronteras. En este sentido, una vez más, estamos atrapados en la prisión eurocéntrica de Jameson, aún cuando la teoría busca globalizar sus implicancias.
La perspectiva de Harvey
La propia considerable contribución de David Harvey a la problemática postmoderna y urbana resulta de su insistencia en la economía política como dimensión constitutiva en lugar de contexto informante o determinante de configuraciones sociales contemporáneas en las cuales la espacialización y la representación cultural son vistas como centrales. La resistencia inicial de Harvey a perspectivas postmodernas, así como al valor del discurso de globalización como un medio viable de explicación de la dinamica de capitalismo contemporaneo, ha dado una dimensión crítica y matizado en relación con los temas claves de nuestro interés en estas páginas.
Aunque Harvey reconoce la espacialización como una clara característica de postmodernidad, él se basa en Miguel de Certeau, cuyo propio encuentro con la frontera San Diego/Tijuana enriqueció su teoría de las resistencias cotidianas. En particular, Harvey debe a de Certeau la crítica que el teórico frances hace de los mapas como como instrumentos totalizadores que cumplen una fución homogeneizadora de la rica diversidad de itinerarios e historias espaciales. Entonces, apelando a Bourdieu (¿como podemos vivir sin Paris--pero, podriamos agregar, a Paris como centro ahora de una intelligentsia tercermundista?), Harvey nos hace recordar que "since any system of representation is a spatial construct, it automatically converts the fluid, confused, but nonetheless objective spaces and time of work and social reproduction into a fixed schema" (1989: 252-253).
Harvey extrapola desde esas perspectivas hacia una crítica de cómo moverse desde las espacialidades postmodernas a una contienda por espacio político y una política que de hecho deriva de Lefebvre, y proyecta hacia todas las cuestiones que emergen de la estructuración postmoderna (incluso su capacidad de subrayar pero últimamente contener la diferencia, la alteridad y cualquier posible resistencia al proceso) y después ir desde las estructuras hacia una salida del laberinto, de la jaula de hierro de Weber, o de la prisión del lenguaje–de los señales o simulacros–proyectándonos hacia algo más allá de todo esto. ¿Es posible que, después de enfatizar los espacios estructurales de contención tanto como lo hace, Harvey puede sin embargo, conceptualizar una resistencia contra la hegemonía espacial? Entre los problemas paradójicos que él específica para nosotros hay uno que parece especialmente serio–el hecho de que solamente se puede conquistar el espacio a través de la producción de espacio (258).
Señalando las tendencias opuestas desarrolladas en el contexto de espacialización, en cualquier evento, Harvey nota que:
the specific spaces of transport and communications, of human settlement and occupancy ...form a fixed frame within which the dynamic of a social process must unfold. When placed in the context of capital accumulation, this fixity of spatial organization becomes heightened into an absolute contradiction. The effect is to unleash capitalism’s powers of "creative destruction" upon the geographical landscape, sparking violent movements of opposition from all kinds of quarters. ... How capitalism confronts and periodically succumbs to this nexus of contradictions is one of the major untold stories in the historical geography of capitalism. Time-space compression is a sign of the intensity of forces at work at this nexus of contradiction and it may well be that crises of overaccumulation as well as crises in cultural and political forms are powerfully connected to such forces. [ibid.].
Una vez más , los desórdenes del nuevo mundo se tornan en la formulación de lo que parece no relacionado a las visiones de ingobernabilidad que son dificiles de teorizar debido a la espacialidad hegemónica de nuestros conceptos. Además, el pasaje citado muestra como, más directamente que Jameson, Harvey ha podido darnos una base para fenómenos estéticos y culturales tales como la dominación cultural en la postmodernidad a través de su propio análisis de las crisis de acumulación capitalista que caracteriza la economía global–y esto en terminos de su elaboración del concepto de compresión de tiempo-espacio que resulta de estas crisis.
In periods of confusion and uncertainty, the turn to aesthetics ... becomes more pronounced. Since phases of time-space compression are disruptive, we can expect the turn to aesthetics and to the forces of culture as both explanations and loci of active struggle to be particularly acute at such moments. Since crises of overaccumulation typically spark the search for spatial and temporal resolutions, which in turn create an overwhelming sense of time-space compression, we can also expect crises of overaccumulation to be followed by strong aesthetic movements. ... Postmodernism can be regarded, in short, as a historical-geographical condition of a certain sort. But what sort of condition is it and what should we make of it? [327-28]
En las páginas finales de su libro Harvey trata de responder a esta pregunta, indicando los fracasos del marxismo y la necesidad de poner las cosas en claro de tal manera que podrían funcionar como fuerza activa para comprender y actuar sobre el mundo en que vivimos. Señalando las limitaciones de los pensadores dentro de la tradición marxista y la gente cercana a ésta, aunque fuera de la tradición en si misma (una mujer como de Beauvoir, un intelectual tercermundista como Fanon), el nos da cuatro orientaciones que pueden abrir puertas:
1. The treatment of difference and ‘otherness’ not as something to be added on to more fundamental marxist categories, but as something ... omnipresent from the very beginning in any attempt to grasp dialectics and social change.
2. A recognition that the production of images and discourses is an important facet of activity that has to be analyzed as part and parcel of any symbolic order–here the cruciality of cultural analysis not as a superstructure, and yes, economy as merely a branch of production, which must, on the other hand be conceived as a symbolic order, or discourse, indeed itself a cultural project, subject to analysis.
3. A recognition that the dimensions of space and time matter, and there are real geographies of social action, real as well as metaphorical territories and spaces of power that become vital as organizing forces in the geopolitics of capitalism, at the same time as they are the sites of innumerable differences and othernesses that have bo be understood...
4. [An understanding of ] historical-geographical materialism as an open-ended ... mode of enquiry rather than a closed and fixed body of understandings. Meta-theory is not a statement of total truth but an attempt to come to terms with the historical and geographical truths that characterize capitalism both in general as well as in its present phase. [Harvey 365]
Todos estos asuntos son importantes al considerar las contribuciones de Harvey a la teoría postmoderna y por supuesto la extensión de su trabajo a la globalización contemporpánea involucrando el mundo latino-americanizado en una concepción de ciudad-espacio-proceso. Así, en un articulo reciente especificamente sobre la globalización (1995), Harvey nota cómo los procesos globalizantes han reducido la posición relativamente privilegiada de los obreros en los paises capitalistas avanzados y llevaron a la re-emergencía de "sweatshops as a fundamental form of industrial organization in New York and Los Angeles in the past twenty years." Presiones neo-liberales en grupos y recursos locales llevaron a la "violence and creative destruction of uneven geographical development ... in the midst of an extraordinary technology of affluence and conspicuous consumption, which is instantaneously communicated worldwide as one potential set of aspirations." Señalando las posibilidades de rebelión social en una era de capitalismo desregulado, Harvey nota "that even the promoters of globalization have to take the condition of backlash seriously" (1995: 12). En el mismo articulo, Harvey señala que el desarrollo de los movimientos políticos de los campesinos mexicanos, indios y brasileños en la alborada del NAFTA y otros aspectos de restructuración neo-liberal; especificamente refiere a las demandas zapatistas y su relación con los cambios historicos generales que tienen lugar; urge el involucramiento en los movimientos sociales impulsados por ajustes estructurales neo-liberales, incrementando la ingubernabilidad y el descontento, extendiendo movimientos sociales en desarrollo desde los pueblos rurales a las ciudades globalizadas al norte del Río Grande (1995: 13-16).
Globalización, ciudades globales
y las contribuciones de Appadurai
¿Qué en el contexto de las perspectivas de reciente postmodernismo y globalización nos lleva a una visión teórica más rica de asuntos culturales relacionando asuntos urbanos así como rurales?
Aun antes de los libros de Soja y Harvey, y antes del NAFTA y otros acuerdos que claramente hicieran eco de la globalización con todas sus implicancias, Saska Sassen, escribiéndo sobre Londres y Nueva York, las vió como ciudades globales de una economía mundial que se extendía claramente más allá del Atlantico y señalaba una nueva fase de acumulación capitalista y estructuración urbana. Así, Sassen escribe:
There is a new logic for concentration.... There is a new system of "coordination," one which focuses on the development of specific geographic control sites in the international economic order.[1991: 5]
Claro, "control geográfico" no era el único tema, y la cuestión no era puramente económica, aunque la orientación economicista de Sassen no se escondió en este contexto. Así, al escribir sobre "global cities as sites for ... control," ella grega:
They are sites for a) the production of specialized services needed by complex organizations for running a spatially dispersed network of factories, offices and service outlets; and b) the production of financial innovations and the making of markets, both central to the internationalization and expansion of the finance industry. [ibid.]
Tal vez la definición de Sassen fue demasiado limitada--aunque su subsecuente trabajo sobre los efectos del NAFTA y otras políticas de globalización ha dado importancia a las cuestiones culturales en relación a los conflictos entre clases, sectores, y grupos étnicos. Pero la noción de ciudades globales ha surgido y se ha desarrollado con la de las mega-ciudades, muchas de las cuales tienden también a ser globales. El punto de análisis es que las ciudades globales son sitios de concentración de la comunicación, los servicios y la administración–todo reunido en una cadena global de producción y consumo, invlolucrando el trabajo y el alineamiento de viviendas que favorecen relaciones externas así como internas. Otra característica de las ciudades globales es la internalización de sectores y segmentaciones sociales que se relacionan más con grupos de su area de envío transnacional que con.los grupos de su area de recepción. Nos enfrentamos entonces con una población urbana muy diversa compuesta de varios grupos cuyas relaciones están mediatizados por procesos muy a la exterior de sus sitios de interacción. Entonces, no es sorprendente, por ejemplo, que en su colección, Divided Cities (1992), Fainstein, Gordon y Harloe van casi directamente de su visión más general a cuestiones de comunidades pobres del tercer mundo (ver especialmente su capítulo, "Immigrants, Minorities and the Ethnic Division of Labor" [151-74]}).
Obviamente se debe hacer más en cuanto a la redefinición de identidades nacionales, en lo referente a fronteras y identidades cambiantes en nuestras siempre-nuevas ciudades hibridizadas y su contexto mundial–algo que la visión de Stuart Hall sobre el efecto cultural de modernización y globalización intenta facilitar (ver Hall et al. 1996). Sin embargo, para nuestros propósitos, quisiera entrar ahora en la perspectiva más elaborada sobre las cuestiones culturales en relación con la globalización y las ciudades. Eso implica que debemos examinar aspectos claves del libro más reciente de Arjun Appadurai.
Primero, deberiamos recordar que el articulo del trabajo de Appadurai, tan frecuentemente citado por García Canclini y otros, es una reflexión, primeramente desde Chicago, en relación con el mundo que se anuncia y enuncia a si mismo cada día dentro de la ciudad. Es también notable que Appadurai encuentra a los marxistas del la teoría de los sistemas mundiales, etc. demasiado estructurados y sistematicos –o, como el lo expresa, "inadequately quirky" y en desacuerdo con lo que Scott Lash y John Urry han llamado el capitalismo desorganizado (1987). Appadurai argumenta que la complejidad de la economía global tiene que ver con ciertas disyunturas fundamentales entre economía, cultura y política que nosotros hemos solamente empezado a teorizar (33) –aunque aquí él cuenta con Jameson como una excepción parcial modificada por Aijaz Ahmad, entre otros (201). Y Appadurai entonces procede a hacer a mapeo cognoscitivo cuasi-Jamesoniano de dimensiones culturales de globalización, usando sus "scapes" descriptivos para lidiar con las desterritorializaciones y reconstituciones culturales. Claro, en eso, hallamos la diferencia de Jameson, Harvey, Wallerstein, y otros marxistas y globalizadores, con Appadurai mismo. al rehusar cualquier "base" económico u otro fundamentalismo, los "scapes" de Appadurai no tienen legitimidad establecida y sirven sólo como una especie de modelo heurístico que puede identificar tendencias.
Para nuestros propositos, el "scape" más sobresaliente sería el "ethnoescape" y todo lo que esto implica para el nuevo orden y alineamiento, las probables pérdidas y ganancias para determinados grupos en la obra general del sistema y en las relaciones entre los "scapes". Sin embargo, la cuestión de las "leyes tendenciales" de ordenación y funcionamiento dentro del systema se queda o tal vez se funda en el aire. Algunos indicadores son, de nuevo, en términos de la "turbulencia global" de Rosenau (1990) como modelo de la política mundial la cual parece encajar en una variedad de otros modelos tales como capitalismo desorganizado, así como sus "propios esfuerzos" para situar la política de diferencia cultural contra un panorama de disyunturas en la economía cultural global (150). Appadurai se ha enfocado en este asunto para explicar porque algunos acuerdos de la economía mundial conducen a conflagraciones étnicas y a veces cristalizaciones de movimientos sociales, como en el caso de Chiapas. El se ha inclinado hacia la idea de Rosenau de secuencias de acción en cascada las cuales buscan su ritmo y modos de articulación, después toman otro rumbo–incluso curso inverso--y comienzan de nuevo a la medida que sus repercusiones se expanden entre todos los sistemas y subsistemas (Rosenau 1990: 299; citado en Appadurai: ibid.). Todo esto parece muy sugerente–también su cita de Raymond Williams para explicar la violencia étnica emergente, también su reciente trabajo comparativo en la Universidad de Chicago con Claudio Lomnitz sobre los campesinados de la India y de México. Así que se acerca los campos (y las ciudades) latinoamericanas y latinoamericanizadas.
Appadurai está al tanto de la crítica subalterna en su propio país; el también se pone a tono con las potenciales aplicaciones de la perspectiva subalterna en la época de la globalización. Pero yo encuentro sus puntos de vista sobre-enfocados en la crítica del estado-nación y las oposiciones a los poderes del estado (ver la admisión de Appadurai con respecto de esto en página 178), y inadecuadamente enfocados en patrones urbanos y rurales que a veces eluden las determinaciones estatales y nos llevan a otros lugares y a otras dimensiones con respecto a las fuerzas globales. Entonces, aun cuando discute los tribus, las formaciones postnacionales y "las formas de la transnación", veo a Appadurai como uno que se va livianamente "escapando" y "cascadeando"y no entrando en lo denso de las cuestiones de confrontación violenta y fragmentación que se ve en el mundo latinoamericano configurado en mi propio punto de enunciación, mi propio lugar en el mundo globalizado en el cual, como dice él mismo, "diaspora is the order of things and settled ways of life are increasingly hard to find" (172).
Seguramente estamos lidiando aquí con un observador super-perceptivo pero distante, si no irónico quien tiene mucho que decirnos, aun si, y quizas debido a la mirada desinteresada, suburbana
y postmoderna transparente que también se halla en Jameson y otros aristócratas suburbanos (ver Willis 1991) quienes podemos ver también en los ojos amplios/globalizados y "globalizantes" de Appadurai. "The United States," él nos dice"always in its self-perception a land of imimigrants, finds itself awash in these global diasporas, no longer a closed space for the melting pot to work its magic, but yet another diasporic switching point. People come here to seek their fortunes, but they are no longer content to leave their homelands behind" (ibid.).. Y aun más nos dice:
The formula of hyphenation (as in Italian-Americans, Asian-Americans, and African Americans) is reaching the point of saturation, and the right-hand side of the hyphen can barely contain the unruliness of the left-hand side. Even as the legitimacy of nation-states in their own territorial contexts is increasingly under threat, the idea of the nation flourishes transnationally. Save from the depredations of their home states, diasporic communities become doubly loyal to their nations of origin and thus ambivalent about their loyalties to America [sic.]. [172].
Y bién como aquí, Appadurai toca temas que son ricamente desarrollados por los antropólogos de la migración transnacional–por John Gledhill sobre los inmigrantes transnacionales de Michoacan, o Michael Smith en procesos transnacionales Puebla-New York. Roger Rouse (1991) escribiéndo sobre la migración mexicana en términos postmoderno a la Jameson ciertamente captura nos da una visión clara de las transformaciones de los migrantes e sus identidades transnacionales– y Appadurai conoce este texto y lo cita, así como el principal trabajo de Basch et. al. teorizando la migración transnacional. Pero, por su distancia intelectual, parece que Appadurai no nos puede
captar el mundo vital de los inmigrantes. Lo mas cerca que llega, como uno podría esperar, es en su capitulo final, titulado "La producción de la localidad" (178-199), pero aun aquí nos dice que él ve "localidad como relacional y contextual" mas que "espacial" en el sentido lefebvreano.
En lugar de ciudad, pueblo o cualquier otra localidad especifica, Appadurai usa el término vecindario "para referirse a las formás sociales realmente existente in las cuales localidad, como dimensión de valor, es variablemente realizada" (178-179). Puesto que cualquier ambiénte puede ser vecindario en este tipo de discurso, aun un vecindario podría calificar. La migración no es a L.A., Nueva York o Chicago, sino a un vecindario, un lugar, una zona o lo que sea esa comunidad de acción o transacción.
El contexto de vecindario de Appadurai debe ser visto en contraste con uno mas amplio; por cierto, la razon por la cual hablamos de localidades hoy día es debido a que no podemos constituir una noción de algo sin verlo como parte de un todo mas grande. Pero aquí la vieja trampa: no podemos ver el objeto si falsificamos su contexto, pero no podemos ver la configuración del contexto sin conocer lo que es relevante a su contextualización. Aquí de nuevo, el crudo empiricismo no va a funcionar, ni la dura teoría la cual forzara relaciones en lugar de explorarlas, quiza un momento razonable en un periodo de legitimación perdida (más sobre esto abajo). Una dimensión positiva adicional en este análisis, si consideramos el vecindario como enclave del barrio, es que la reproducción del mundo grupal es siempre producción y variación, y siempre involucra intervenciones, cruces, e hibridizaciones las cuales entonces afectan ambos vecindarios, el local y el externo que son producidos. Para una reproducción normativa, el vecindario requiere un "ethnoscape" no local, lo cual crea un nexo, especialmente porque el ethnoscape debe de alguna manera incluir lo que a él se relaciona. Aquí podemos percibir la consideración de habitus de Bourdieu que nos lleva a la diaspórica ontología de Deleuze y Guattari; y por supuesto Appadurai específicamente se refiere a estos teóricos cuando, en su propio intento "to extend [his] thoughts about local subjects and localized contexts", él busca, por lo menos delinear "the special problems that beset the production of locality in a world that has become deterritorialized, ... diasporic, and transnational" (188).
En las páginas casi-finales de su libro Appadurai señala los esfuerzos del estado en el medio de su decadencia regulatoria, para definir y ganar apoyo de todos los vecindarios; para "the growing disjuncture between territory, subjectivity and collective social movement"; y "the steady erosion ... of the relationship between spatial and virtual neighborhoods". En este caso, Appadurai habla directamente del esfuerzo del estado para definir y controlar ciudades y ciudadanos, su impulso para crear un plano, contíguo y homogeneo espacio de nación, y un conjunto de lugares y espacios calculados para crear las distinciones internas y divisiones necesarias para la ceremonia estatal, vigilancia, disciplina y movilización (189). Finalmente, en este contexto, Appadurai indica cuán ciertamente zonas urbanas se están convirtiendo en campos de concentración virtuales, de ghetos y basureros. "Urbanizations are becoming armed camps, driven wholly by implosive forces that fold into neighborhoods, the most violent and problematic repercussions of wider regional, national and global processes." Mientras reconoce las grandes diferencias entre ciudades, Appadurai nota que juntos, estos lugares, estos vecindarios extendidos:
represent a new phase in the life of cities, where the concentration of ethnic populations, the availability of heavy weaponry and the crowded conditions of civic life create futuristic forms of warfare..., and where a general desolation of the national and global landscape has transposed many bizarre racial, religious and linguistic enmities into scenarios of unrelieved urban terror. [193]
Aunque Appadurai enseña a en la sede de la escuela antropológica de Chicago, de los "Chicago Boys" y también de la "urban underclass" of Julius Wilson y companía, la visión que exhibe Appadurai de la "inner city" es marcado sobre todo para su perspectiva globalizante. Así que nos dice que
These new urban wars have become to some extent divorced form their regional and national ecologies and turned into self-propelling, implosive wars between criminal, paramilitary and civilian militias, tied in obscure ways to transnational religious, economic and political forces. There are, of course, many causes for these forms of urban breakdown in the First and Third Worlds, but in part they are due to the steady erosion of the capability of such cities to control the means of their own self-reproduction. [ibid.]
Appadurai busca crear una imagen menos oscura, y señala el hecho de que
the very nature of these less pleasant urban dramás drives individuals and groups to more peaceful locations where they are willing to bring their wit, skills and passions for peace. The best moments of urban life in the United State and Europe are owed to these migrants [like himself?] who are fleeing places far worse than Chicago, Detroit, Los Angeles and Miami. Yet we know that the production of locality in South-Central Los Angeles, on Chicago’s West Side, and in similar parts of large American cities is a highly embattled process. [193-94]
Después de una discusión de nuevas tecnologías y su producción de vecindarios virtuales y nuevas conexiones sociales, Appadurai concluye su libro señalando la fragilidad de los vecindarios y de la localidad en los procesos de globalización no homogeneos, así como la fragilidad de los contextos en los cuales los fenómenos locales viven y se desarrollan.
Locality is always emergent from the practices of local subjects in specific neighborhoods. The possibilities for its realization as a structure of feeling are thus as variable and incomplete as the relation among the neighborhoods that constitute its practical instances. The many displaced deterritorialized and transient populations that constitute today’s ethnoscapes are engaged in the construction of locality as a structure of feeling, often in the face of the erosion, dispersal and implosion of neighborhoods as coherent social formations. This disjuncture between neighborhoods as social formations and locality as a property of social life is not without historical precedent, given that long-distance trade, forced migrations and political exits are very widespread in the historical record. What is new is the disjuncture between these processes and the más s-mediated discourses and practices (including those of economic liberalization, multiculturalism, human rights and refugee claims) that now surround the nation-state. This disjuncture... points to something conjunctural. The task of theorizing the relationship between such disjunctures ... and conjunctures that account for the globalized production of difference now seems both more pressing and more daunting. In such a theory, it is unlikely that there will be anything mere about the local. [198-199]
Perspectivas latinas y latinoamericanas: García Canclini y los demás
Ahora, los discursos citados, y muchos otros enunciados en los círculos académicos estadounidenses, hallan su ecos, sus puntos de contención, y sus puntos de aplicación crítica, en el
trabajo de especialistas de estudios latinos y latinoamericanos. Y de hecho se debe notar que los caribeños y latinoamericanos no solamente han recibido sus teorías; que Stuart Hall, Laclau, Andre Gunder Frank, Octavio Ianni y varios de los teóricos latinoamericanos que aparecen en el curso de este ensayo han contribuído a la formulación de las teorías básicas que se usan para después aplicarla al mundo y al mundo latino-latinoamericano.
Luego, dentro del campo mismo de estudios culturales, vemos la desterritorialización de concepciones y construcciones desde un espacio teórico a otro. Y vemos la celebración de la latinización y los nuevos logros híbridos de nuestros medios culturales metropolitanos. Por ejemplo, el artículo bién conocido de Flores y Yúdice, "Living Borders" (1992) celebra la nueva cultura fronteriza, de Anzaldúa, Gómez Peña y compañía, usando la metáfora fronteriza para alcanzar consideraciones claves sobre las identidades latinas en formación.
También Flores , en su libro (1992), aplica el concepto de la frontera a los puertorriqueños en sí, para contextualizar los "aspectos" de "crossover" transcultural como base para un entendimiento de la evolución cultural y la vida contemporánea de los puertorriqueños. A un nivel mas general, Celeste Olalguiaga plantea en su libro Megalopolis la hibridación y multiculturalidad como dimensiones claves de los nuevos paisajes urbanos que involucran--tal vez en reacción a la racionalización del aparato socio-económico--una intensa latinoamericanización de las varias culturas nacionales o regionales, en relación, quiérase o no, con formas latinas hegemónicas y aún con formas no latinas. Pero, por una razón u otra, se ve poco el costo social de estas celebraciones, como se ve poco el sufrimiento y la explotación que están en la base de la actividad y la creatividad latinas, sobre todo en esta etapa de la expansión capitalista. Y todo eso viene en un momento en que la campaña anti-latina es parte de la reestructuración de identidades nacionales y además, cuando las enemistades entre latinos, y entre los latinos y los afro-americanos y otros grupos, parecen ser más agudas en la competencia por trabajos, espacios y demás.
Ahora bién, cuando enfocamos los trabajos de Sarlo, tanto como de García Canclini y sus muchos amigos y discípulos, quienes han escrito sobre las ciudades latinoamericanas, hay algo de eso que ya se ha notado: una celebración de la latinización y las nuevos híbridos de nuesto medio cultural metropolitano una subestimación de los problemas vitales en vez de los problemas específicamente culturales. ¡Ah, pero son estudiosos de la cultura! dicen unos. Son fetichistas de la cultura, que aíslan sus análisis agudos de los medios, simulacros e hibridación con las fuerzas opresivas y destructivas en la cual los procesos culturales se insertan, dicen otros.
Uno de los grandes escritores sobre la vida urbana, Benjamin, estableció el vínculo entre civilización y barbarie, ciudad y campo --grupos privilegiados para expresar las grandes ideas y imágenes en relación con una base social de miseria y explotación. Es cierto diría yo, que el enfoque sobre lo cultural nos hace explorarlo con profundidad. Pero como alguna vez, al defender a García Canclini, me referí a la frase de Borges cuando le preguntaron por qué no había escrito más directamente sobre Buenos Aires en sus enayos, y el respondió que "no hay camellos en El Corán". Ahora, tengo que confesar que no he consultado el Corán para ver si Borges tenía razón, o si no estaba inventando textos, como siempre. Quizás no queda muy bién depender de Borges cuando uno quiere hablar de la lucha de clase o más ampliamente, de la vida y lucha subalterna. Qué figura más urbana que Borges. Qué laberintos más urbanos que sus laberintos y ficciones.
¿Cómo se explica esta disyunción entre la celebración postmoderna y las circunstancias represivas? ¿Es, básicamente, que los estudios culturales no pueden enfrentar a los problemas subalternos? ¿Hay un bloqueo cuando uno se dedica a la teoría macro? ¿O es un miedo de meterse en moralismos o programas de acción ya gastados, en bancarrota, en crisis, y finalmente peligrosos. ¿Queremos otra generación de muertos? ¿Y para que? ¿Y con qué plan? ¿El socialismo? ¿La vanguardia? Nos llevan a la tierra prometida –u a otro siglo de luchas inútiles y dolorosas? ¿O es que estamos enamorados de la autodestrucción?
Aquí parece anticlimático resumir el aporte enorme de Sarlo, García Canclini, Nelly Richard y otros a la cuestión urbana en América Latina. Solamente quisiera tocar muy brevemente unos trabajos recientes de García Canclini, porque dan cierta contextualidad en relación con el problema que vamos planteando. En Consumidores y ciudadanos (1995), García Canclini había sugerido que las ciudades adquieren un nuevo significado en un período que ha sido designado como post-Fordista, postmodernista, transnacionalizado, globalizado e híbrido y que una dimensión clave de esta situación tenía que ver con cuestiones de participación y ciudadanía activa y hasta de resistencia.
Ahora en un ensayo ya citado arriba (1997) que sólo puede parecer académico a primera vista, García Canclini sigue armando una visión de las ciudades dentro la globalización que implica toda una lucha de nuevas definiciones y nuevas formas de acción en relación con los procesos multiculturales e híbridos que acompañan a los procesos globales.
Anota García Canclini, los procesos de desestructuración y reestructuración económica, los nuevos patrones globales de producción, información, distribución y consumo, los cambiantes parámetros de vivienda, los procesos evolutivos de inmigración trasnacional y su relación con nuevas configuraciones sociales (de-territorializaciones y re-territorializaciones, rivalidades y alianzas, nuevas formas de desactivación y movilización, etc.). Todo eso se complica por el hecho de que por los procesos de globalización, hay una cohabitación de inmigrantes que conllevan sus idiomas, sus patrones de comportamiento de culturas diferentes.
Estos patrones están ocurriendo en muchos países, cancelando así hasta un cierto punto las diferencias entre ciudades y regiones desarrolladas y subdesarrolladas. Las proximidades de diferentes comunidades de inmigrantes conducen a nuevos grupos y sujetos sociales. Así que por un lado, vemos patrones más intensos de homogeneidad urbana, y también vemos conflictos más intensos, oposiciones más agudas, en circunstancias desarticuladas y violentas.
Por cierto, los procesos de sistematización mundial tienden al desordenamiento de comunidades pre-existentes, alianzas, modos de ser, etc. Cuanto más las ciudades se insertan en redes globales, más sus anteriores niveles de organización son amenazados, alterados o destruidos. El "Outsourcing", la generación de inmigrantes foráneos, causan transformaciones culturales y sociales (incluyendo la proliferación de pandillas con diversos niveles de integración en diferentes redes de narcotráfico, etc.) lo que lleva a nuevas formas de identificación, nuevas identidades y una estructuración general de patrones económicos formales e informales en un desorden general sistemático que impulsa nuevas coaliciones y a veces movimientos sociales, al mismo tiempo que impulsa fuerzas autoritarias para contener el desorden generado por el sistema.
Siempre la tendencia de García Canclini, es ver lo particular en función de lo macro y después volver a lo particular. Podemos notarlo en la manera en que se acerca a la cuestión de los movimientos sociales entre trabajadores y subalternos en el artículo que vamos citando.
Así que García Canclini anota los mecanismos de homogeneización y pacificación social. Pero insiste en que estos factores, y otros, no han impedido a las fuerzas de la diversidad surgir y expandirse. Y es en relación con las presiones globales que se debe ver el desarrollo de estos procesos que pueden tener posibilidades de desarrollar algo que pueda impactar el sistema total.
Sin duda, el modo de análisis que García Canclini prende sobre la ubicación de los movimientos sociales y las luchas civiles, es importante para entender procesos en Guatemala, México y donde sea en las Américas, y eso también incluye las poblaciones latinas de Chicago y otros lugares en los Estados Unidos. Los inmigrantes pueden querer seguir con los viejos deseos de volver, volver, o pueden participar en el flujo de los patrones transnacionales; pueden querer votar en elecciones en Puerto Rico o México, pero todavía entran en las luchas y los conflictos de las ciudades afectadas por los nuevos procesos de reestructuración económica. Estos actores no solamente se sientan los efectos de los cambios globales y urbanos. También pueden impactar las ciudades donde viven y los lugares desde donde vienen. Sus modos de inserción y desarrollo, su lucha por espacios de desarrollo, su voluntad de lucha y de posibles alianzas con otros grupos será parte de la historia del siglo y del milenio por venir. Los latinos están vistos como parte de un "minority problem" de "interface" con el capitalismo tardío y tecnocrático. Pero su retención de rasgos más viejos, mientras que avanzan en relación con los sistemas contemporáneos, hace de los latinos actores cruciales en cualquier conceptualización que sirva.
Viendo como funciona la lógica de García Canclini, cabe preguntarse si las perspectivas subalternas suplementan o profundizan las contribuciones más normativas (y postmodernas) que él, Sarlo y los demás han ofrecido, o si es que el enfoque subalterno, especialmente en la medida que "desconstruye" articulaciones, a fin de cuentas no sabotea decisivamente el proyecto de estudios latinoamericanos.
En una sesión en la Conferencia de Estudios Latinoamericanos de Guadalajara en 1996, García Canclini insistio sobre las cuestiones de conflictos fronterizos y crisis como fundamentales (pero previamente implicitas) para su visión de la frontera; el también argumento que lo subalterno y lo local solamente podrían tener peso en relación con una noción del proceso social y cultural en su totalidad. Pero no estaba el ofuscando las relaciones microestructurales y las posibilidades para su apelación clasica a la totalidad? ¿Es que la visión de la totalidad nos puede ayudar a comprender el fragmento sin domesticarlo y limitarlo en un reduccionismo funcionalista que nos encarcela en vez de abrir puertas? ¿Es la perspectiva de García Canclini en el artículo citado una contextualización adecuada de qué puede servir dentro las preocupaciones claves de la crítica subalterna? Por sobre todo como podemos conceptualizar ninguna totalidad si tal conceptualización es dependiente de una construcción de subcategorias las cuales pueden solo ser comprendidas en relación con esa totalidad?
Examinando el aporte de García Canclini, John Kraniauskas anota como las hibridiaciones descritas en Culturas híbridas conducen a la conclusión que todas la culturas urbanas de hoy (empezando con lugares como Tijuana) son culturas fronterizas. Kraniauskas indica como para Homi Bhabha también las culturas postcoloniales "deploy the cultural hybridity of their borderline condition to ‘translate’, and therefore reinscribe, the social imaginary of both metropolis and modernity" (Bhabha 1993: 6). Kraniauskas subraya como García Canclini "does, momentarily, recognize that there may be suffering at the border" (1998: 20); pero no puede mantener esta perspectiva porque su enfasis en totalidad y reterritorialzación implica no un enfoque en pérdida sino en transformación cultural–no en dolor sino en posible gozo en la creación de nuevas subjectividades capitalistas en relación con la reorganización cultural que viene con la etapa contemporánea de organización capitalista.
Víctor Ortiz, quién estudia la relación entre las teorias de estudios culturales con las realidades históricas de las fronteras mismas, ha indicado recientamente (1998) que las divisiones étnicas y nacionales entre poblaciones heterogeneas de las zonas urbanas están experimentadas en las distancias sicológicas y culturales encrustadas en los patrones de segregación social y inigualdad económica que se relacionan con las dinámicas de dominación analizadas por Guha (1983). Por su parte, Ileana Rodríguez (1994), unos de los fundadores del grupo subalterno latinoamericano, ha seguido las ideas de Eric Aliez y Michel Feher (1986)--y también Robert Reich (1991) en su perspectiva sobre la re-estructuración capitalista--para indicar como hoy día en el capitalismo en su etapa transnacional o globalizante, los subalternos (vistos como nómadas, migrantes, y criminales) ya son los sujectos claves de la historia, y de los posibles movimientos sociales de oposición. Sin embargo, talvez la sugerencia más radical de este articulo parece ser que no se puede reducir o deducir el sujecto subalterno sencillamente al sistema en que se encuentra. De hecho, las culturas hibridas (productos de capital) no totalizan sino van más allá de los sistemas en que se encuentran. Claro, este intento subalterno de "ir más allá" de lo híbrido, que termina siendo el título mismo de una sesión de LASA ya mencionada, ha recibido su contra-crítica negativa por Hugo Achugar, Mabel Morana y otros. A pesar de su desacuerdos particulares con García Canclini y los subalternos, Moraña ha aceptado la polarización como clave para entender la América Latina de hoy día. :
La invitación a reflexionar sobre la cultura latinoamericana "más allá de la hibridez" ... propone la tarea de desafiar los mimites de un concepto que hasta hace poco tiempo se pesentaba como incuestionablemente operativo para la captación de una cualidad distintiva y definitoria de la historia latinoamericana.... Hibridez y subalternidad son nociones claves para la comprensión de la relaciones Norte/Sur basadas en la refundamentación del privilegio epistemologico" que ciertos lugares de enunciación siguen manteniendo en el contexto de la gobalidad. [1998: 44]
Es por supuesto probable que, como dice John Beverley en un articulo bastante sugerente, que "the things that divide subaltern studies from its critics at the LASA meeting are less important in the long run than the concerns they share (in Beverley and Sanders 1998: 255). Sin embargo, para Beverley, la contribución subalterno en relación con el proyecto de estudios culturales tiene que ver con "the rehabilitation of the project of the left ... by exploring the incommensurabililty between the claims of various political or state-level projects and the actual needs, desires and possibilities of the popular sectors in the Americas" (256).
En este sentido es importante de negociar entre la perspectiva de García Canclini y los de los subalternistas en su evaluación de las relaciones futuras entre las tendencias teóricas y culturales emergentes en la trancisión de América Latina hacia un nuevo milenio. Por supuesto debe haber una tercera, cuarta o quinta posición que deberiamos considerar en relación a todo esto. Pero la cuestión debe ser contestada. También diría que todos nuestros cuestiones siguen hirviendo sin una respuesta clara. Para mí, el problema es que la perspectiva macro siempre tiende venir desde arriba, y ver los procesos micros y subalternos como meras deducciones de lo macro y dominante. Eso no encierre en una lógica reductiva y determinista casi sin salida y posiblemente sin poder como los micro-procesos que constituyen la totalidad también implican procesos que van más allá, pero que no podemos ver en nuestras teorizaciones.
También es cierto que lo subalterno solamente se articula en un proceso que potencialmente termina su estado de subalternidad.–o al grado que los subalternos ya participan en un esfero publico capaz de totalizar todo. Y que tal si son los ngos que hacen eso posible? Es cierto que atras de los grupos etnicos y movimientos sociales hay las grandes fundaciones? Y sin ellos, los grupitos no tendrian efecto? Quienes ya son los Che Guevaras o tupamaros (para regresar a la ciudad) de la postmodernidad? Who funds them? And why?
Para tener la totalidad de la globalización mundial en una forma que podamos adecuadamente especificar – que es adecuademente el lidiar con cualquier asunto local o particular que afecta o es crucial al todo globalizante: Eso fue la problematica que establecimos para nosotros mismos con cierto grado de exito que sólo los lectores de New World [Dis}orders podran evaluar. Exitosos o no en nuestro libro, el problema planteado parecería ser un desafio teórico/práctico que encaramos en el debate sobre totalizar y specificamente determinar perspectivas culturales –desde cualquier alternativa subalterna o por lo menos desafiante, espacios enunciatorios de los cuales cualquiera de nosotros podría hablar. No es simplemente un asunto de mapeo rural o de espacios suburbanos, un lugar para poblaciones campesinas o indígenas desplazadas en su proceso de urbanización. Porque hace largo tiempo cualquier movimiento, grupo o sujeto social nuevo, las espacialidades que dominan nuestras categorias asumidas han relegado todas las otras en un sistema urbano-centrado de poder ideológico y material que preserva y jerarquiza todo.
Con respecto a los EE.UU. sabemos muy bién como las ciudades interiores, de afro-americanos y latinos están sumergidas en procesos globales enormes que dejan poco espacio para maniobrar. Pero, no niega la ciudad que domina nuestro discurso nuestro proyecto de rastrear y proyectar la propia enunciación de lo subalterno aparte de los procesos totalizantes y centrados en el estado. ¿No es la ciudad de nuestra mente virtualmente co-extensiva con nuestras teorizaciones? ¿Es esta ciudad norteamericana? ¿Es un megalópolis o una ciudad global? ¿Y es posible que la latinoamericanización de las ciudades norteamericanas produce algo que pueda ser util al sur? ¿Avanza la tropicalización, la globalización occidental del sur, o es que aquellos del sur atrapan más aquellos en el sur? ¿Y en que manera es todo este pensamiento-sur transformando el norte?Estas son las preguntanas que nos esperan para el nuevo milenio que esperamos.
Pensamientos finales: El Anti-leanismo y LACASA Chicago
Dicho todo eso, quisiera decir algo más–y hasta algo personal. A veces trato de imaginar lo que van opinar sucesivas generaciones de estudiosos, de lo que nosotros hemos hecho con el tiempo que nos tocó vivir. A veces me asusta escuchar cómo nos citamos uno al otro y cómo tomamos nuestras pequeñas decisiones muy brillantes sobre una cosa u otra. ¿Habremos hecho algo? ¿Vamos a dejar un cuerpo de trabajo que contribuya al conocimiento? ¿O es que todo termina siendo una cuestión de teoría del conocimiento?
En el mar de la postmodernidad con identidades flotantes desterritorializadas, y con nuestras macro-teorías en el aire, hemos buscado en Guha, en García Canclini y Nelly Richard, hemos citado a Deleuze y Guattari, Derrida, y los demás. ¿Y qué?
¿Qué hemos construido y adónde vamos? Mi impresión es que van a decir que: "esos pobres, atrapados en una transición histórica fin de siglo perdieron la brújula y no estudiaron y no podian estudiar nada a fondo. Tomaron posiciones, buscaron espacios para sentarse en un banquete al que llamaron postmoderno. Y hablaron mucho, pues. Discutieron mucho, tenían conferencias en lugares bonitos. Pero, pobrecitos: ¿qué hicieron?"
Ultimamente, por ejemplo, muchos han sugerido el concepto de Deleuze y Guatari del rizoma como centro de una teoría o ciencia nómada sobre procesos transnacionales. Para mí, la idea es genial, pero se quedó a nivel de metáfora, al nivel heurístico. Tal vez es más, o tal vez mis nociones de teoría y ciencia también son de otra época. Pero tengo el mismo problema con la cuestión subalterna, solamente porque no veo claramente cómo se teoriza la capacidad de los intelectuales de poder superar el abismo sociológico y epistemológico entre ellos y sus teorías, y la gente que quieren representar, teorizar.
Puedo estudiar las técnicas, he tratado de participar muchas veces en los intentos. Pero siempre con las dudas sobre cómo yo, o gente como yo, puede decidir si he podido -o no- entrar y penetrar en el mundo subalterno. Todo para mí queda en la incertidumbre. Y tal vez eso es lo bueno: estamos formando un cuerpo teórico a través de experimentos teóricos en relación con experiencias particulares. Estamos, esperemos, en un proceso de construcción, y claro, eso implica equivocación, incertidumbre, y también crítica.
En vista de estas incertidumbres, permítanme sugerir un aporte fundamental que ofrezco al banquete de saberes: mi postura firme y impostergable en lo que negativamente se puede llamar el "antileanismo" No antileninismo, aunque el leninismo en sí es un ejemplo maravilloso de lo que el antileanismo niega.
¿Qué es? Primo de la teoría del caos, de los rizomas y otros tipos, pero más bién hijo de Gödel y de Godot, o de una boda entre Borges y el Che Guevara o Ernesto Laclau, el antileanismo viene de la raíz inglesa de "lean"–depender de, inclinarse sobre o hacia algo.
Brevemente, la teoría dice que cualquier teoría, en tanto que explica algo, no explica y muchas veces distorsiona, y hasta borra, otras cosas de igual importancia. Si te inclinas demasiado sobre un charco, puedes caer en el lodo.
Cada logro teórico implica no ajuste sino fracaso, casi total en relación con otros aspectos de la realidad. Más conocimiento, más ceguera. Las tachaduras y agregados hacen imposible el conocimiento, y cada fracaso se multiplica en una cadena que termina chupando el logro teórico en sí, hasta que, con su fracaso, los otros elementos empiezan a sufrir el mismo destino.
El conocimiento, como una casa de barajas, empieza a caer no solamente por fallas de construcción, sino también por sus logros. Ejemplo: el marxismo claro. En tanto que el marxismo ve todo en relación con la clase y el modo de producción, las cuestiones étnicas, culturales, etc., caen al suelo.
Y sin embargo, cada vez que intentamos dejar a la economía política por un lado, y buscamos los etno-scapes, y tecno-scapes y otras dimensiones y "escapes", nos sentimos sin base alguna. Mientras más procuramos mejorar, expandir el conocimiento en esos aspectos, más presente se hace la venganza de género, de clase, etc.
Más los estudios culturales intentan corregir eso, más se ve la inadecuación y el horror de dejar atrás clase y modo de producción como asuntos fundamentales. Pero (aquí, nuestro Neil Larsen) tanto más nos reinsertamos en la cuestión de clase, más vamos borrando casi todo lo que hemos ganado en la visión de otras dimensiones sociales..
Lo que sí se puede decir es que, como nunca antes, casi en directa proporción con la organización racionalista de las sociedades postguerra fría, hoy tenemos más violencia, más enemistad, más lucha étnica, más mafia, más narco-capital– y todo eso nos lleva a formas de "no-gubernabilidad", ¿pero con qué articulación política que funcione en algún sentido?
Cuando teniendo en cuenta la transformación de los procesos centroamericanos, miramos al norte de Mesoamérica, citamos a Chiapas, observamos cambios posibles en México, eso nos salva casi como truco retórico, aunque tengamos mucha dificultad, creo yo, en conceptualizar cómo Chiapas, o los problemas en Guerrero o Oaxaca, pueden contribuir a una transformación fundamental en México–ni hablar de las Américas.
No tenemos que buscar en Bosnia o Rowanda, o en el mundo chino-mongol. Aquí en los Estados Unidos (donde sea que sea), hemos por fin borrado el mapa blanco/negro; los latinos han llegado, ya están sujetos en el mapa y ya empiezan a existir como seres reales (los frijoles empiezan a cruzarse con las habichuelas).
Vivimos en un ambiénte de creciente hostilidad antilatina, que se extiende -y ya no solamente- desde un gobernador oportunista en California hasta las comunidades afroamericanas de los Estados Unidos.
Claro los latinos están fragmentados, con varias subject-positions, no se consolidan y parecen menos y menos capaces de juntarse con otros grupos en una coalición arcoiris. Pero claro, cuál sería una adecuada agenda de acción en relación a otra visión globalizante de un mundoen pleno proceso de globalización, cuál otra configuración social en sí, podría funcionar como base para la acción, es una pregunta que queda siempre más allá de nuestros posibles planteamientos.
Lo que falta es la contextualización global y la identificación de una clara acción local que, en una forma u otra, repercuta sobre lo que antes llamamos totalidad –y eso ya con una humildad teórica que nunca ha sido una característica muy lograda en nuestro ambiénte.
¿Cómo ser menos teóricos sin perder la totalidad del enfoque? No sé. Pero en la perspectiva de mi propia circunstancia, de generación y grupo, se ha hecho más claro la necesidad de cierta humildad teórica. No, no creo que somos los idiotas de Alvaro Vargas Llosa y companía, pero el mundo no es como la mayoría de nuestra minoría intelectual pensabamos que era. ¿Y cómo pensamos que tenemos razón ahora? ¿Qué hacemos, entonces? Para algunos, tal vez todo esto no es importante. Me pagan bién por teorizar, entonces teorizo. Yo vendo, o me vendo, donc je pense que je sí suis. Vengo, veo, vendo. Entonces yo sí soy quien soy y además quién es y sé que soy mejor que vos. ¿Y tu, mon ami? ¿mon frere? Ah, perdon, ma soeur. ¿Y qué pierdo yo?
Pero a mí me sigue importando. Dejé de escribir tanto sobre Centroamérica tal vez por el "fadismo" gringo, pero más bién porque mi vida fue por otros rumbos. Y también, por el momento, la historia.
Reconozco mis limites y mi edad. Soy uno entre millones de judíos que vinieron a las Américas, y en vez de estudiar a Theodor Dreiser o Mario Puzo o Saul Below, en vez de enfocarme en lo que aquí llaman American studies, me fui a la costa de California y no pare ahí , sino que fui más al sur, cruce la frontera, bajé por Centroamérica, y ya ando bastante en el Caribe desde mi sitio en Chicago... Pero debido a mi interés en la gente latina y latinoamericana. No por el realismo mágico, nunca por el boom. Porque ahí en el mundo latinoamericano, con todas sus contradicciones y todos sus problemas y todas sus hibridaciones, que pueden terminar como formas de acomodación, todavía palpitan conexiones con un mundo conquistado solamente en parte y en la superficie, y que puede ayudar a desordenar un orden que no sirve, ayudar en la búsqueda de otro orden/desorden, de otra comunidad imaginaria más allá de mi tiempo y de mi imaginación.
Sé que no voy a ver este nuevo mundo, ordenado, desordenado, como sea. Ya murieron muchos seres, muchos sueños. Paso un tiempo bonito con los nietos. Pero claro, no he muerto, y quiero saborear un poquito el mundo que nos espera en el nuevo siglo en que vivimos ya. Por eso existen LACASA CHICAGO (the Latin American/Latino Cultural Activities and Studies Arena of Chicago) y nuestro proyecto: la idea de desarrollar un espacio que conecte nuestro punto, mi lugar de enunciación, con otros. Yo por mi parte, mirando las teorías generales y las teorías sobre cómo ser más específicos, propongo que sigamos el punto principal de mi teoría antileanista: Don’t lean on it. Y claro, el corolario: Don’t lean on not leaning.
El truco teórico es dejarnos abiertos a múltiples tendencias, múltiples orientaciones sin reducirse a ellas o excluír otras posibilidades valiosas--cómo determinar el grado de inclinación adecuada en cada instancia para especificar cualquier objeto, sin caer en el objeto como Narciso –o Baudrillard; cómo determinar las leyes semi-determinantes de procesos no precisamente determinantes.
Si tuviera que inclinarme por una forma u otra, sería en la dirección de una acción muy local, que pueda vincularse con todos los circuitos posibles, para buscar intervenciones tácticas que funcionen y lanzarnos como se pueda.. Ahí radica todo: en una petición de teoría débil y modesta, y claro, aún sin coordenadas teóricas claras y firmes, vamos adelante en nuestros intentos de hacer lo que se puede.
En particular les invito para considerar la ciudad como metafora y realidad (si existe una) en nuestro quehacer. Y en este contexto, les invito a ayudarnos a estudiar a Chicago. Chicago no sólo es una mega ciudad, sino que es una ciudad global como se la define más arriba; una ciudad global con fuertes lazos en las estructuras y luchas globales. La dimensión latinoamericana dentro de la globalización de Chicago se está incrementando notoria y convicentemente. Lo que hace a Chicago importante para entender a América Latina y los latinos hoy, aprehender las nuevas dimensiones que el nuevo orden/desorden mundial, la cuestión de las fronteras, el mundo de objetos y sujetos, y las cuestiones de la latinización de los EE.UU.--así como también la pregunta de qué es nuestro mundo, qué es lo que hace funcionar y cómo se actúa sobre ello, hoy y más allá.
LACASA se ve a sí misma como un foro para la discusión y la acción; esto es, un foro pero también una palestra. Se busca actuar a través de la mediación cultural en lo económico, lo político y otros circuitos en los cuales latinos y latinoamericanos juegan sus roles en el nuevo (des)orden mundial.
Parece que estoy violando el anti-leanismo en pensar demasiado sobre LACASA CHICAGO o Chicago en sí, pero claro el anti-leanismo es un intento de corrección que se tiene que corregir (pero no demasiado) constantamente (pero no tanto), y todo eso que digo aquí es un intento de llevar desde este simposio algunas cuestiones y perspectivas teóricas hacia la mesa de LASA y nuestro post-LASA, Mapping Latin American Chicago, para el septiembre de 1998. Ahí espero que conozcan más a LACASA CHICAGO. Es LACASA de toda la gente; es también su o mejor tu casa. Los esperamos allá...
OBRAS CITADAS Y CONSULTADAS
Ahmad, Aijaz. 1987. "Jameson's Rhetoric of Otherness and the 'National Allegory'." Social Text 16: 3-25.
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